Title: Decisions | Author: CJS*64 “Man with a camera” / photo on flickr

Un día te levantas positivo y tomas la decisión de hacer algo. Inmediatamente tu mente inventa 3 ó 4 razones para convencerse de lo correcto de la decisión. Durante la conversación con un amigo, con pasmosa tranquilidad le estaba dando 4 argumentos de peso para no hacer algo que el día anterior había decidido hacer, con sus correspondientes 4 razones en favor de hacerlo. ¿Soy idiota? ¿No tengo palabra ni para mí mismo? ¿Se puede cambiar de opinión de un día para otro basado en el razonamiento sin motivo aparente? La mente siempre encuentra razones para posicionarse en una situación y la contraria, (y curiosamente saliendo airosa de esta contradicción ante nosotros mismos).

Observando estas contradicciones en mí mismo experimenté algo que la ciencia tiene resuelto, que nuestras decisiones son tomadas por nuestro estado de ánimo (nuestras emociones), y no por nuestro cerebro (raciocinio) quien siempre va detrás, como atribuyéndose la autoría de la decisión. Estás decaído, encontrarás motivos para no ir a ese viaje. Estás eufórico, hallarás 5 motivos para convencer a cualquiera para ir a ese mismo viaje. Y siempre es así, de tal modo que han proliferado técnicas, tácticas y metodologías para explotar esta característica de los seres humanos: neuro-marketing, marketing sensorial, venta por impulso, neuro negociación…. (las aplicaciones más rápidas de un concepto exitoso suelen venir de las empresas quienes le sacan un beneficio económico…).

Pero ahora se ha dado un paso más en el conocimiento de nosotros mismos y en el desencadenamiento de uno u otro comportamiento. Daniel Goleman (Inteligencia Emocional), explicaba en una reciente conferencia que nuestros intestinos tienen un conjunto de procesadores neuronales que funcionan como sofisticadas computadoras, una red neuronal funcionalmente igual a la del cerebro (y conectada a ella) que envuelve nuestros intestinos y nuestro corazón. Lo que Daniel Goleman dice es que nuestros sentimientos sinceros no son simplemente metáforas poéticas (sentir con el corazón, tener un presentimiento, seguir el instinto, etc…) sino que son “pensamientos” surgidos en estos potentes procesadores que afectan a la forma definitiva que adoptará nuestro pensamiento y en última instancia, a nuestra forma de pensar. Cobra por lo tanto total importancia ser consciente de que esta fuente de sabiduría corporal determina muchas de nuestras decisiones que nos llevan a uno u otro lugar en nuestras vidas. Saber que pensamos -además de con la cabeza- con los intestinos y la red que rodea nuestro corazón hace que podamos estar atentos a estas otras sensaciones que procesan información trascendental para tomar la mejor solución ante una situación determinada. Y para comprender que no somos idiotas, ni que decidimos en base a razonamientos objetivos.

Tomar conciencia

Se hace imprescindible para decidir bien, por lo tanto, conocer nuestro estado de ánimo. Las personas que son conscientes de su interior (llamado interocepción, o la percepción del interior) tienden a ser más empáticos con los demás, por lo tanto a relacionarse mejor, procesar información que muchas veces no llega al cerebro y por lo tanto tomar mejores decisiones, equivocarse menos, detectar riesgos ocultos… Una suma de ventajas para conducir tu vida por la buena senda. Cuando los líderes dicen que escucharon sus entrañas, realmente están diciendo, “Yo no sólo baso mis decisiones en la lógica, uso todo mi ser, que incluye mi instinto, lo que siento en el corazón y el razonamiento”. No quiere decir que sólo estén respondiendo a su instinto, pero incluyen la información generada en su intestino como parte de la suma sensorial de información con la que tomar las decisiones.

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¿Qué hacer para aprovecharlo?

Teniendo en cuenta que el cuerpo juega un papel tan importante en la toma de decisiones, ¿cómo se relaciona esto con la conciencia de mi mismo? ¿Cómo puede aprovecharse en nuestro favor? La forma correcta de aprovechar este potencial oculto en nuestras entrañas comienza reconociendo cuándo estas señales significan una u otra cosa. El hecho de que una vez fuiste mordido por un perro no significa que cada vez que veas un perro y tu tripa dice “alerta, alerta, alerta” debes esperar ser mordido. La señal se da, y por eso su interpretación es lo que determina que sirva o no para algo positivo.

Cuestión de aprendizaje: escucharse a uno mismo no es prestar atención al diálogo de nuestro incansable cerebro (cháchara mental), sino todo lo contrario. Los científicos creen que las señales de nuestros intestinos tienen su entrada principal en el hemisferio derecho, donde se procesan y almacenan nuestros mapas de autoconocimiento. Está también implicado el hemisferio derecho en la toma de conciencia sobre las sensaciones y estado de nuestro cuerpo, sobre todo la conciencia de los sentimientos sin procesar mentalmente: espontáneos, no racionales, viscerales. La izquierda, en cambio, está más distante al cuerpo y analiza los datos que percibe. Se corta en trozos, crea categorías, hace “análisis digital” en busca de distinciones binarias, como arriba y abajo, sí y no. Es la que juzga, evalúa, relaciona.

Al comprender que la izquierda es digital y el derecho es analógico, los líderes tienen que entender que ambos son importantes. La izquierda ve los detalles; el derecho ve el panorama completo. Ambos tienen una función determinante, por lo que los líderes conscientes de sí mismos saben la diferencia en estas dos formas de procesamiento y destacan la importancia de ambos para integrarlos y procesarlos juntos.

Cuando decimos que es importante escuchar a nuestro intestino o corazón (y las redes neuronales que los envuelven), no necesariamente significa que debamos responder a ellos directamente. En ocasiones los sentimientos o una sensación profunda sobre algo proporcionan sabiduría crucial, pero otras veces, nuestros sentimientos viscerales pueden llevarnos por mal camino. Al igual que con cualquier fuente de datos, es importante analizar la entrada del cuerpo, no sólo para responder a él ciegamente. Y sobre todo, conocernos, conocernos, conocernos…

He aquí un artículo que sugiere un ejercicio para el desarrollo de nuestra habilidad para dar sentido a los mensajes de nos da nuestro cuerpo.

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