Qué equivocado estaba cuando daba más importancia al qué que al cómo.

Qué poca importancia tiene comprarle su primer móvil a una ahijada, comer cordero asado, dormir en una casa de lujo….

Si todos estos objetos no han contribuido a crear una situación especial, es mejor que los olvides, como olvidarás que viniste al mundo para vivir una aventura y no a dormitar entre situaciones y objetos que no provocan nada.

Reír junto a dos niñas es lo mejor que me llevo del día, y es posible que del regalo que le hicimos sea lo único que quede en su memoria cuando, muchos años más tarde, los objetos hayan vuelto a ser lo que siempre fueron: polvo y agua.

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