Voy en el coche y el conductor que circula delante mío tira sobre la calzada una colilla de cigarro, encendida.

En Lima, el avión de Jordi está tomando tierra (estará 6 meses trabajando voluntariamente en el proyecto de la casa de discapacitados que apoyamos en Santa Rosa de la Yunga, al nororiente de Perú). Justo ahora hace 10 años, en el mismo vuelo, misma compañía, a la misma hora llegaba yo a Lima. Una ciudad hostil, sobre todo cuando llegas, a la que, depende de tus experiencias, llegas a coger cariño.

Una de mis iniciativas en Santa Rosa fue la de hacer una campaña de concienciación para que la gente de Santa Rosa dejara de tirar las latas de refrescos, pilas, plásticos y otros deshechos al suelo. Santa Rosa es un paraíso terrenal, pero también se ve mucha mierda. Ver aquellos despojos, basura entre los cafetales, entre los árboles de la selva, o en las calles del pueblo y caseríos, sobre todo las pilas (en el 2006 en Santa Rosa no había electricidad y las pilas era un insumo de consumo masivo para los transistores, linternas…) me hizo entrar en acción y recorrerme en moto todos los caseríos concienciando sobre el peligro de estos desechos: una sola pila puede contaminar 3.000 litros de agua con el mercurio y el cadmio del que están hechas.

No me he atrevido a decirle nada a este marrano que va delante mío en el coche. A veces me cuestiono esta forma de proceder. Soy capaz de hacerme 9.000 kms para concienciar a unas personas sobre la importancia de no echar papeles y pilas al suelo, y no le digo nada a este contamimalo que vive cerca de mi casa.

El ser humano es un ser inescrutable.

Niños jugando a la acequia de agua, en Santa Rosa
Niños jugando a la acequia de agua, en Santa Rosa
Vista general de Santa Rosa de la Yunga
Vista general de Santa Rosa de la Yunga
Nos llegan las provisiones en canoa
Nos llegan las provisiones en canoa
En el mercado
En el mercado
Voluntarias/os y misioneras (2007)
Voluntarias/os y misioneras (2007)
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